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domingo, 24 de febrero de 2013

Relato ¬ LA HISTORIA DEL FUTURO

Estudiar historia, de la literatura, de la música, del arte o historia de historia hace que me plantee, ¿qué fuimos?, ¿qué somos?, ¿qué seremos?.
Es todo muy subjetivo y abstracto. El concepto de historia.
¿Quién y en qué momento de su vida se plantéa hacer historia? ¿Qué es lo necesario o indispensable para serlo?¿Qué pensaría Picasso si supiese lo que puede llegar a costar uno de sus cuadros por el simple hecho de haberlo pintado él?¿O quién le diría  Darwin que su teoría sobre la evolución tendría tanto peso?
Son cosas que surgen. sí. Está claro que quien ha hecho historia ya sea pintando, escribiendo, cantando, descubriendo, innovando, inventando...no planeó cada uno de las acciones de su vida para que, más tarde, una sociedad entera estuviese estudiandoles a fondo.
Pero...¿y nosotros?.
Aquí, ahora, en este momento, ¿hay alguien que esté creando la historia del futuro?

Evelyn Ross.
Hasta pronto. :))

miércoles, 3 de octubre de 2012

Relato ¬ SIN TÍTULO

Las notas surgían de la nada, sus finos dedos se desli¡zaban por aquella fila de teclas blancas y negras. Dejando tras si una hermosa melodía. Parecía que el tiempo se paralizaba cuando él, con sus aires de superioridad ante el piano, se sentaba sobre aquella pequeña banqueta. Cerraba los ojos y se dejaba llevar.

¿Alguien propone algún título? * LLUVIA DE IDEAS *

Otra nueva idea que se me ha ocurrido, uno de estos día de inspiración me puse a escribir (esta vez sin ayuda de ningun principio,  yo solita :3) y tan solo tengo un poquito de la historia, solo que no se si seguir escribiendo o no, y tampoco se me ocurre ningun título.
Un poquito de ayuda no me vendría mal, ¿os apetece?

lunes, 13 de agosto de 2012

Relato ¬ HOY HA SIDO UN DIA EXTRAÑO


Hoy ha sido un día extraño. Piensas como será. Le das vueltas una y otra vez, alterando el escenario un poco en cada ocasión, pero en el fondo no crees que te vaya a pasar porque siempre es a otro al que le pasa no a ti. Te imaginas una muerte sencilla, cualquier accidente de coche a causa de unas copas de más en un día de fiesta, o por alguna enfermedad producida por lo único que consigue templarte los nervios, fumar. Pero mi muerte fue igual que mi vida, especial. Veréis, yo siempre creí que teníamos un ángel de la guardia porque yo sentía una extraña presencia pero ninguno de mis amigos sentía lo mismo. Creía que desde que nacemos somos asignados a ... podría decirse un hermano mayor. Alguien que ira contigo a donde vayas como tu sombra, que te seguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario. Pero hace un tiempo, aquella noche de invierno, por primera vez en mi vida sentí que me había abandonado. Estaba acostumbrada a su presencia, ya no me inquietaba, mejor dicho me sentía a gusto con ella porque era la única persona... bueno persona o lo que realmente fuese, con la que podía ser yo misma. Su ausencia por el contrario me desconcertaba. Pasadas tres horas de su última presencia un sudor frío atravesó mi cuerpo hasta el punto de hacerme estremecer. De pronto una imagen recorrió mi mente y se me nubló la vista, apareció un corazón naranja y rojo, y después un cementerio situado a las afueras de la ciudad. Tras otro escalofrío aquella visión acabó, no entendía la relación de aquella gominola con el cementerio pero en ese momento no era lo más importante para mí, sino el hecho de haber tenido una visión. No le di la trascendencia que creo que debería haberle dado y ahora me arrepiento, pero los días pasaron y la visión al igual que mi supuesto ángel de la guardia no volvieron a aparecer. No perdí el tiempo en contar lo sucedido a nadie porque realmente era eso, una pérdida de tiempo. Me habían tachado de ilusa e infantil, sin creerse nunca alguna de mis palabras, pero ya no me importaba. Durante estos trece años viviendo en soledad aprendí que el silencio sería mi mejor aliado. Pero hace unos días llego una compañera nueva a clase, era tímida y reservada, pero a la vez tenía un gran corazón y era una buenísima persona. Desde su llegada sentí que mi personalidad y la suya encajaban a la perfección, y mi ilusión era similar a la que tienes cuando consigues unir las dos últimas piezas de un puzle, mi vida. Creí que esta sería mi última oportunidad de casar con alguien como yo. Escuchaba con atención cada una de mis teorías sobre ángeles de la guarda y visiones, que tanto tiempo había estado preparando para que algún día cayeran a manos de alguien tan peculiar como yo. Hasta aquí mas o menos las cosas iban bien dentro de mis desperfectos como adivina. Tras oír la opinión de María comencé a pensar en el cementerio y caí en la cuenta de que había gente alrededor de una de las tumbas entre los que me pude reconocer. Aunque no conseguí leer la totalidad de las inscripciones pude ver la fecha que correspondía con la de hoy.

Esta mañana ha amanecido más temprano que de costumbre y el gallo de Doña Luisa me despertó de mi pesadilla, desde que María y yo le buscábamos sentido a aquella visión e intentábamos convencernos de que era solo una visión y nada más, soñé todos los días con aquel momento, en este caso el escenario era el mismo, lo que variaban eran las inscripciones de la tumba.

Cada día el nombre de uno de mis seres queridos era el que aparecía allí y hoy en lugar del de alguien de mi familia apareció el de María. En mi cabeza se repetían las misma palabras una y otra vez.

María Laguna Mora

D.E.P

No me había pasado nunca, ni siquiera cuando aparecían los nombres de mi madre y mi padre, los que consideraba los causantes a medias de mi soledad durante los últimos años. Los quería y los quiero pero de una manera distinta que a María, ella era la única que me había escuchado, la única que me comprendía y la única que no había hecho de mis ideas un saco roto lleno de imaginación. Por eso esta mañana puede que no amaneciese antes, tan solo fui yo que aproveché el primer rayo de sol para separarme de aquella pesadilla.

El resto del día también fue especial, hoy nos íbamos de convivencia, primero haríamos una larga caminata y a la llegada al pueblo nos daríamos una ducha en el alberge y descansaríamos alrededor del fuego contando historias de miedo. No eran mi fuerte pero nunca llueve a gusto de todos. En el autocar me senté al lado de María y le puse al día de mis pesadillas, que era el tema estrella de los últimos días entre nosotras. Estábamos pendientes de las conversaciones de los chicos de atrás, que desde sexto curso habían comenzado a juntarse mucho con las otras chicas. Mientras tanto comíamos las gominolas que supuestamente eran para el camino, se me acabaron pronto y cuando me giré para guardar la bolsa en la mochila todo comenzó a tener sentido. Las mías eran ositos de gominola y las de María corazones rojos y naranjas, sus preferidas. No sé cómo no me pude dar cuenta antes, que inútil. Cuando María estaba dispuesto a comerse la última un nuevo escalofrío y la misma situación. Saber a ciencia cierta que la única amiga de verdad que había conocido iba a morir relentizo mis reflejos y no fui capaz de impedirle que se comiese la última gominola. Justo en ese momento el conductor frenó en seco y el cinturón de seguridad nos salvó a todos de una muerte segura, salvo a María a quién le aseguró la suya. Estaba empezando a ponerse blanca y a hacer aspavientos con los brazos lo que alertó a los profesores, pero fue demasiado tarde porque el cinturón le cortó la respiración y su cuerpo inerte cayó sobre el asiento. Ahora estoy en mi cama llorando, han sido muchos los días que pensé en dejar mi historia en piedra pero ahora es mi última oportunidad. Soy la única responsable de la muerte de María y he encontrado mi escenario, ya no sirve de nada pensar que no me va a pasar porque yo misma voy a acelerar el momento. Mi muñeca está dejando ya de sangrar. Hoy ha sido un día muy extraño. Me muero.

lunes, 23 de julio de 2012

Relatos ¬ LA PRIMERA VEZ QUE TE VI


La primera vez que te vi, justo en el momento en el que nuestras miradas se cruzaron, supe de la existencia de los ángeles. Tus ojos reflejaban tu pasado oscuro y frío, como aquella mirada. Tu boca entreabierta dejaba escapar algún que otro suspiro mientras que tus delicados dedos sujetaban una diminuta cajita que introdujiste en tu gabardina, intentando ocultarla. Tu silueta, que producía una preciosa sombra sobre el campo de amapolas, era perfecta como cada una de tus facciones de la cara. Podría pasarme horas describiéndote, cada segundo descubría una nueva expresión, una nueva sonrisa. ¿Sabes? Tienes cinco sonrisas, la primera cuando sonríes por cortesía, aunque no tengas ganas, simplemente para no ser diferente. La segunda cuando realmente te apetece reírte y pasártelo bien. La siguiente cuando sabes que has hecho algo bien o cuando te sientes a gusto contigo mismo. La cuarta es algo pícara, cuando estás seguro de que alguien se está equivocando por no hacerte caso, no quieres ofender  ni sentirte superior, simplemente sonríes. No sabría decirte cual es mi preferida, tal vez la última, cuando disimuladamente me giro para buscarte y poder soñar despierta un minuto más pero por el camino nuestras miradas se cruzan, como la primera vez,  quizás porque tú también me buscas con la mirada, entonces ambos nos sonrojamos y tus labios se tuercen hasta mostrar una preciosa sonrisa. Cada una de ellas es especial, tienen algo que te hacen único. Hace tiempo que tengo un sueño, se repite constantemente y quiero pensar que algún día se hará realidad. Es muy sencillo, solos tú y yo, en aquel campo de amapolas en el que nos conocimos. El sol y las flores nos acompañan mientras que paseamos cogidos de la mano. Llevo años buscando mi príncipe azul pero siempre encontraba a sapos mentirosos que no resultaban serlo, ahora que por fin lo he encontrado no sé cómo actuar, el corazón se me acelera cuando estoy a centímetros de ti pero no soy capaz de demostrártelo.
Desde la primera vez que te vi sé lo que es estar enamorada.

Relatos ¬ PEQUEÑO MONSTRO


Cuando aún era pequeña conocí a un joven soldado. Todos los días, al alba, me escapaba de mi casa y acudía a un claro del bosque donde me escondía para observarle. Mi escondite se encontraba en el interior de uno de los árboles que rodeaba el claro, en un hueco que construyo mi abuelo.

Empezare desde el principio. Pocos días antes de nacer yo mi padre murió y el único recuerdo que todavía tengo de él es un retrato de su juventud. En él vestía un uniforme de oficial con varias insignias colgadas en la solapa izquierda de su chaqueta. De las pocas veces que  mi madre me habló de él me contó que entró muy joven al Servicio Militar, antes incluso de acabar los estudios. Aunque hasta que tuvo la edad necesaria para cursar la mili estuvo acompañando a los demás soldados durante sus entrenamientos. Su primer destino fue un pueblecito del norte donde conoció a mi madre que en aquel momento trabajaba como sirvienta en una casa. Después de varios años de noviazgo decidieron irse a vivir juntos y con lo poquito que ganaban se mantenían para vivir. Deseaban formar una familia pero sus ganancias no se lo permitían entonces. Lo único que podrían dar a sus hijos era su amor, que ya de por si era un mundo pero no serviría de mucho si esa criatura no tuviese ni para comer. Otra de las cosas que se de mi padre es que se esforzaba mucho en las cosas que empezaba, pero eso solo lo sé porque mi abuelo me decía que yo era igual a él. Por aquellos días a mi padre lo convirtieron en oficial y lo premiaron por su trabajo. Durante años estuvo recibiendo una gratificación que les permitía tener una mejor vida y algún que otro capricho. Fue entonces cuando mi padre le regalo unos cuantos papeles para pintar y óleos a mi madre, que desde pequeñita le había encantado representar lo que veía : ya fuese en la arena haciendo surcos con palos o en el cemento con piedras que dejaban un ligero color sobre el suelo. A mi madre le gustó tanto aquel detalle por su parte que decidió que su primer dibujo sería para él, le pidió que se pusiese sus mejores galas y que posara para ella.  Y ese es el retrato que ahora sostengo entre mis manos con tristeza.  Del dinero que fueron ahorrando consiguieron realizar una sencilla boda. Y tras dar este gran paso determinaron que era el momento de formar la tan deseada familia. Pero aún teniendo el dinero suficiente no fue tan fácil como ellos pensaban. Después de dos abortos mi madre consiguió quedarse embarazada de mí, todos estaban eufóricos por mi  llegada: mi madre empapeló mi habitación y la pintó con colores llamativos que se resaltaban aún más en las alas de las mariposas; mi padre me construyó un precioso columpió en el jardín de la casa en la que vivían y mi abuelo decidió buscarme un lugar donde pudiese esconderme cuando necesitase alejarme del mundo. Y entonces, a tan solo dos días de mi llegada mi padre apareció colgado de una soga en el jardín, a la derecha de mi columpio. Nadie entendía porque se había suicidado justo ahora que habían superado todas sus penas: los abortos, la escasez de alimento...Todo. Justo ahora que estaba a punto de nacer la que aportaría una gran cantidad de alegría en sus vidas. El día del funeral a mi madre le entraron unas punzadas de dolor en el vientre y no le dio tiempo a llegar al hospital. Nací en un cementerio.

Para cualquier persona simplemente le daría cosa, quizá un poco de miedo, pero para mí fue una señal. Un rayo de sol. En medio de aquel lugar, rodeado por la muerte una niña nace. Y creo que ese fue el origen de todo lo que después me pasaría.

Mi madre se hizo fuerte, creó una coraza a su alrededor que no le permitía expresar ninguno de sus sentimientos. Ni el miedo, ni la inseguridad, ni tan siquiera el cariño. Y aquella persona tan alegre se desvaneció. Vivíamos con mi abuelo, el padre de mi padre. Prácticamente fue él el que me sacó adelante, con él compartía todas mis penas y mis alegrías, y fue él el que aporto todo el cariño que pudo a mi infancia. Durante mis primeros años de vida vivimos en la casa de mi abuelo pero a menudo que pasaba el tiempo se nos iba haciendo más y más pequeña por lo que nos mudamos a la antigua casa de mis padres. Parecía que hasta los muebles y las paredes se habían desvanecido con la muerte de mi padre. El primer día en esa casa fue algo extraño. En cuanto entramos por la puerta una desconocida fuerza para mí me empujaba a seguir andando, esta fuerza salía de mí, de mi interior y me llevo al lugar exacto donde había aparecido muerto mi padre. Instintivamente mi cabeza se inclinó y mi mirada se dirigió al trozo de soga que aún colgaba del árbol. Y es que nadie había vuelto a esa casa desde que se llevaron a mi padre por lo que nadie había recogido nada con lo que lo pudiese identificar. De pronto oí una voz que me llamaba "Nadya, Nadya", recuerdo que me gire pero no vi nada. "Soy yo, soy tu..." pero la voz se apago cuando mi abuelo entró en el jardín seguido por mi madre. Me recogieron del suelo, donde me había quedado dormida y me llevaron a la cama. Mi madre se quedo observando desde la puerta entreabierta de mi habitación cada una de las mariposas de la pared con una ligera sonrisa en la cara. Pero de pronto se paro y sus ojos se abrieron como platos cuando llegó a un extremo de la habitación. Uno de los papeles que había pintado estaba destrozado dejando al descubierto una extraña quemadura en la madera, tenía la forma de una mano. Después de estar varios minutos mirándola se decidió a entrar, tambaleándose cruzó la habitación hasta llegar a la pared, a la que fue palpando como si detrás de ella hubiese algo, pero antes de llegar a la extraña marca se dio la vuelta y salió de la habitación. A la mañana siguiente sentí que la misma fuerza se apoderaba de mí y me empujaba hasta el jardín, otra vez la misma voz "Nadya, cariño soy..." pero nunca conseguía escuchar la frase entera porque siempre me dormía antes de que acabase. Y así día tras día, semana tras semana ocurría lo mismo. Tres meses después de nuestra llegada oí a mi madre decirle a mi abuelo que necesitaba que fuese al pueblo a comprar una tarta. Tan solo quedaban dos días para mi sexto cumpleaños así que supuse para que la usaríamos. Mi abuelo no quería dejarme sola en casa pero era la única opción de que no me enterase  así que por primera vez en mi vida me quedé completamente sola. Aquella mañana, igual que todas las demás fui hasta el jardín y me coloque a la derecha del columpio debajo de aquel árbol tan insignificante para mí. Era el aniversario de la muerte de mi padre aunque yo no lo supiese y la voz volvió a aparecer dentro de mí. "Nadya, Nadya. Tienes que escucharme no te duermas hija. Vengarás mi muerte y la de todos  los que mato. La mano....Detrás....Encontraras...más pistas. Date prisa o será demasiado tarde" Y por primera vez conseguí escuchar la frase entera sin dormirme pero las palabras no conseguían tener sentido en mi aturdida mente y aquellas preguntas sin aparente respuesta se acumulaban. ¿Quién me habla?¿De qué muertes?¿De quién me tengo que vengar?

Aún estaba tumbada en el suelo cuando me di cuenta de que el columpio había empezado a  balancearse, y las correas chirriaban provocando una sensación de terrible miedo en mí. Salí corriendo de allí intentando alejarme de la realidad. Cogí mi chaqueta y seguí corriendo sin echar la vista atrás. Cuando por fin me había alejado lo suficiente oí un grito. No un grito cualquiera este intentaba decirme algo, pero no lograba entenderlo, detrás de este otro más. Y otro, y otro. Cuando me di cuenta de que no había ningún mensaje oculto en ellos más que el pánico y el miedo de quien antes me había hablado ya me estaba volviendo loca. La adrenalina aumentaba en mí a medida que los gritos ahogados iban desapareciendo de mi cabeza pero ya era demasiado tarde. Todo empezó a dar vueltas y caí al suelo. Los gritos cesaron pero las voces no y otra vez aquel hombre apareció en mi mente. Su voz había cambiado, era mucho más baja y sin fuerza. Se estaba muriendo. "Te quiero hija, nunca lo olvides"

Mi padre era  mi padre. Nada de lo ocurrido tenía sentido en mi cabeza mi madre me dijo que había muerto mucho antes de nacer yo pero no era así y odiaba que me mintiese. Comencé a chillar, deseaba no estar aquí. Prefería estar muerta a soportar el terrible dolor que ahora estaba sintiendo en mi interior. Me volví loca y volví corriendo hasta la casa donde empezó mi pesadilla, cogí el hacha de mi abuelo, el que usaba para cortar la leña y subí a mi habitación. Ahora que sabía la verdad: que mi padre no había muerto mucho antes de que yo naciese y que algún desalmado había acabado con su vida necesitaba venganza. Detrás de aquella mano en la pared que mi madre había intentado disimular con más papel pintado encontré una carpeta. En ella solo había fotos, fotos de los soldados a los que mi padre tuvo bajo su mando. Supuse que alguno de ellos sería el que hubiese matado a mi padre pero no tenía tiempo para investigar. La ira se apoderó de mi cuerpo e idee un plan para acabar con todos y cada uno de ellos.



Y con tan solo seis años me convertí en un monstro. Cuando mi familia apareció yo estaba manchada de sangre, tumbada en el suelo de mi habitación con el hacha en la mano.



Cuando aún era pequeña conocí a un joven soldado. Todos los días, al alba, me escapaba de mi casa y acudía a un claro del bosque donde me escondía para observarle. Mi escondite se encontraba en el interior de uno de los árboles que rodeaba el claro, en un hueco que construyo mi abuelo. Se parecía a mi padre y aln verle me sentía cerca de él. Este fue el único soldado que sobrevivió aquel terrible día.

martes, 17 de abril de 2012

Relatos ¬ TAN SOLO UN MES DESPUÉS

Hace un mes y un día que morí. Podría contaros la causa exacta de mi muerte pero es demasiado sencilla, aquel día era como cualquier otro, aún así supongo que estaba destinada a morir. No fue muy dolorosa, un solo golpe que me hizo perder la conciencia, desde ese momento hasta mi desvanecimiento total debieron de pasar tres días. Tres días de los que no me acuerdo absolutamente de nada, tres días que significaron el final de mi vida como mortal. Al cuarto día un insoportable destello de luz me despertó, seguía en la camilla del hospital, me sentía rara, como si una fuerza sobrehumana se hubiera apoderado de mi cuerpo. Me abrumó la realidad de mis pensamientos e intente rehuirlos de mi mente. Me concentré en mi respiración, pero la ausencia de esta me descompuso totalmente. Aún había una esperanza, con dificultad abrí los ojos pero nadie se percató de mi movimiento, con mucho esfuerzo conseguí girar la cabeza hacía el lugar de donde venían los angustiosos llantos. Mi madre, mi padre y mi pequeñaja hermana estaban desconsolados. Sentía unas ganas tremendas de abrazarles y decirles que seguía allí, no quería aceptar la idea de que estuviese muerta pero las evidencias aumentaban a medida que pasaban los segundos. Muerta, aquella palabra retumbaba en mi cabeza, nunca pensé que me fuera necesaria esa palabra por lo que desde pequeñita la borre de mi vocabulario, al igual que palabras como asesinato o crimen, y de repente todas aparecen en el mismo momento de mi vida. Conseguí levantarme de la camilla y de nuevo nadie se dio cuenta, me di por vencida pero aun así intente llegar hasta la mesilla donde había un periódico. Al llegar mis fuerzas fallaron y caí al suelo produciendo un sonido ensordecedor. Ahora todos los presentes en la sala se giraron en mi dirección y pensé que serían capaces de verme, pero desgraciadamente esto no sucedió. No tenía ni idea de cuál era mi nuevo aspecto y sentía cierta curiosidad, pero estaba demasiado cansada como para levantarme y dar cinco pasos más hasta llegar al baño y asomarme en el espejo. Era novata en esto del mundo de los muertos y no sabía que debía hacer, así que aún sentada en el suelo alcancé el periódico y una horrenda imagen me hizo retroceder hasta mis últimos momentos. Leí la noticia que venía en la portada de este:

Ayer la banda de asesinos más buscada del país
volvió a actuar. Esta vez fue en la quinta avenida
de Nueva York, la víctima, Andie Anderson que se encuentra
actualmente en el Mount Sinai Hospital fue
atacada y golpeada con una piedra.
Inmediatamente después perdió el conocimiento.
Sus padres la encontraron tres horas después y la llevaron
al hospital. Aqui ha permanecido en coma
hasta esta mañana que...

Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero y tuve que dejar de leer,  la frialdad de sus palabras me obligaron a recordar y La furia que se reflejó en la cara de aquel hombre un segundo antes de que me golpease volvió a mi mente e inconscientemente mi mano se apoyo en mi nuca que aún presentaba una gran herida.

Hoy, un mes y un día después sigo estremeciéndome al recordar aquellos días.

Relatos ¬ DEMASIADAS COINCIDENCIAS


Llegamos a media tarde mis padres y yo a esa casa rural perdida en el bosque, como no teníamos nada para la cena mis padres cogieron el coche para acercarse al próximo pueblo y comprar lo necesario. Yo no quise ir estaba cansado por el viaje y el móvil acaparaba toda mi atención. La noche era muy oscura y empezaba a estar preocupado y nervioso porque mis padres aún no habían llegado,  pero aquel entretenimiento no me permitía pensar que les hubiera pasado algo. Por desgracia el móvil se me apagó y tuve que buscar otro pasatiempo. Habían pasado dos horas desde nuestra llegada, de las cuales una y cincuenta y cinco minutos estuve ocupado y los otros cinco los empleé en ir al baño. Por lo tanto lo único que conocía de aquella insólita casa era la sala en la que había permanecido la mayoría del tiempo, que solo tenía unos estantes con libros , dos sofás y una gran mesa camilla, y el pasillo que se dirigía al baño, que como siempre estaba al fondo a la derecha. Así que decidí explorarla. Empecé por el pasillo de la parte norte de esta, porque aunque fuera insólita era enorme. Dos puertas a mi derecha y tres a la izquierda, al fondo un cuadro, una mesilla y un jarrón de relucientes flores rojas. Pensé que era extraño que hubieran podido sobrevivir en aquel clima sin cuidado alguno, aún así no le di demasiada importancia al asunto. Asomé la cabeza por las puertas de las habitaciones del pasillo; una de estas era una cocina que daba al porche, era muy amplia y aunque la noche fuera oscura tenía demasiada luz  por lo que supuse que sería de la luna. No encontré nada especial así que retrocedí y volví a la sala principal. En la sala también había una especie de cómoda, sobre esta una foto de una familia, ¡qué coincidencia! con los mismos miembros que la mía: un padre, una madre, el abuelo y un pequeño perrito. Bueno, a decir verdad, mi abuelo murió el invierno pasado por una fuerte neumonía y a mis otros abuelos no los llegué a conocer. Decidí bajar al sótano pero allí todo estaba lleno de polvo y debido a mi alergia di un fuerte estornudo. Subí corriendo a la segunda planta donde supuse que estaba la habitación de mis padres y en efecto. Rebusque entre las cosas de mi madre y encontré lo que buscaba. Un pañuelo. Un pañuelo que evitaría otro estornudo, así que me la ate tapándome la nariz y la boca como una de esas mascarillas de los hospitales y volví a bajar. Pasé otra vez por la sala que ya me resultaba familiar aunque algo me llamó la atención. Ahora la imagen había cambiado y el abuelo no estaba. Pensé que podía ser fruto de mi imaginación o de una visión, así que bajé al sótano. Aquí encontré un juego de mesa de esos que son para jugar en familia y como no había nada más divertido lo subí y lo preparé en la mesa camilla. Pero como yo solo no podía decidí salir al porche a esperar a mis padres, aunque desde allí no se veía nada. A los pocos minutos sonó el teléfono y fui a cogerlo. La voz que sonó tras el auricular me tranquilizó bastante. Era mi padre que me llamaba desde el supermercado. Quería saber si había suficiente leche en la cocina. Al entrar en el pasillo que te llevaba a esta me percate de otro extraño cambio, las flores tan vivas hacia apenas veinte minutos ahora resultaban estar débiles y apagadas, ¿sería otra visión?. Por otro lado había estado en el porche y juraría haber tenido dificultad para ver dos palmos más allá de la salida y la cocina a pesar de tener la luz apagada seguía estando iluminada. Entre en esta, rodeé la encimera y pude ver un flexo encendido y huellas en el suelo. Salí corriendo en dirección al teléfono, muy asustado, lo cogí haciendo un gran esfuerzo debido a mis temblorosas manos. Les dije que volvieran y colgué. Tras quince minutos exactos llegaron en aquella destartalada máquina que teníamos por coche y se bajaron nerviosos de él. Les conté lo sucedido, y como siempre no me creían. Mario y su exagerada imaginación. Se fueron a coger las bolsas y entré en casa algo irritado. Otra vez la misma situación. La foto, el padre no estaba. Me quede paralizado esperando que alguien me despertara y de repente la acelerada voz de mi madre pedía auxilio, mi padre se había desmayado. Demasiadas coincidencias.